Publicado: 6 de Julio de 2018

Nuestra vida está ligada al plástico. Desde que nacemos a que morimos; desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. Mucho de este plástico termina en los contenedores de recogida selectiva. Otro, llega al mar a través de los ríos y torrentes. Ahí se degrada pasando de un macroplástico (como una bolsa o botella) a miles de microplásticos (aquellos inferiores a los 5 centímetros).


Y es que cada vez hay más plásticos en el mar mientras que su producción global no cesa de aumentar. “Se estima que en 2020 esta producción superará los 500 millones de toneladas anuales, lo que supondría un 900 % más que los niveles de 1980. Si los residuos plásticos no son correctamente gestionados o directamente se abandonan pasan a contaminar el medio terrestre y muchos llegan a los océanos a través de las vías fluviales”, asegura Julio Barea, portavoz de Greenpeace.


A día de hoy existen muchos tipos diferentes de plástico, algunos difícilmente reciclables. Polipropileno, presente en muebles de jardín y componentes de vehículos; polietileno con el que se fabrican microesferas de cosméticos o bolsas de plástico; PET con el que se fabrican prendas de ropa o botellas de envases;  PVC o cloruro de vinilo en tuberías y ventanas. Todos ellos, una vez llegan al mar y por la acción solar se acaban disgregando.


Mucho de este plástico, ya convertido en pequeños fragmentos del tamaño de una lenteja, es ingerido por los peces que, tarde o temprano, acabarán llegando a nuestra mesa. Así lo puso de manifiesto una de las investigaciones llevadas a cabo por el  Instituto Español de Oceanografía (IEO) después del análisis de 212 peces de fondo de alto interés comercial. Se trató de 128 salmonetes de fango (Mullus barbatus), 72 pintarrojas (Scyliorhinus canicula) y 12 merluzas (Merluccius merluccius). Todos ellos capturados en el litoral español.Seguir leyendo
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